Devocional La fuente de nuestra paz, Isaías 53:1-5

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Para que hoy tengamos paz, alguien tuvo que pagar el precio. Para que hoy tengamos esperanza, el más grande tuvo que sufrir. Para que mañana tengamos la vida eterna, alguien tuvo que morir.
Oración para dormir en paz
  • Tema: La fuente de nuestra paz
  • Base bíblica: Isaías 53:1-5
  • Expositor: José Gomera
Escucha el Devocional La fuente de nuestra paz, Isaías 53:1-5

La venida del Mesías fue profetizada siete siglos antes.. De hecho, es, quizás, la profecía que tiene detalles más minuciosos sobre lo que habría de ocurrir. Ahora bien, ¿por qué los cristianos sostenemos que el sufrimiento de un hombre es la fuente de nuestra paz? Y ¿Cómo lo explica Isaías 53:1-5?

Isaías 53:1-5

Antes de proceder a contestar las preguntas anteriores, leamos los versos contenidos en Isaías 53:1-5:

«1 ¿Quién ha creído a nuestro mensaje

    y a quién se le ha revelado el poder del Señor?

2 Creció en su presencia como vástago tierno,

    como raíz de tierra seca.

No había en él belleza ni majestad alguna;

    su aspecto no era atractivo

    y nada en su apariencia lo hacía deseable.

3 Despreciado y rechazado por los hombres,

    varón de dolores, hecho para el sufrimiento.

Todos evitaban mirarlo;

    fue despreciado, y no lo estimamos.

4 Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades

    y soportó nuestros dolores,

pero nosotros lo consideramos herido,

    golpeado por Dios, y humillado.

5 Él fue traspasado por nuestras rebeliones,

    y molido por nuestras iniquidades;

sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz,

    y gracias a sus heridas fuimos sanados«.

Isaías 53:1-5

Dios quiere que experimentemos la paz

Dios ama a toda la humanidad. Y quiere que el hombre tenga paz y viva en armonía con el resto de la creación. Pensémoslo por un momento: ¿Dios se esforzó durante seis días para crear al hombre y todas las condiciones para que éste subsista en la tierra, para que la misma creación se destruya a sí misma?

No tiene lógica, ¿verdad?

Desde que ocurrió el primer crimen de la humanidad: la muerte de Abel por parte de su hermano Caín, la tierra no tiene paz. De hecho, toda la humanidad se sumergió en una espiral de violencia que amenazaba su propia existencia. ¿Se quedaría Jehová de brazos cruzados ante la injusticia dominaba al mundo y no haría nada al respecto?

En el capítulo 7 de Génesis encontramos que no. Dios hizo justicia, salvando a la humanidad de sí misma, mediante un gran diluvio. Se salvaron Noe y su familia. De nuevo, el ser humano experimentó un breve periodo de paz. Pero pasado un tiempo, la humanidad retomó su rumbo autodestructor. Y otra vez, Dios tiene un plan…

El sufrimiento de Cristo, fuente de paz para los cristianos

A través de Isaías y del profeta Joel, Dios anunció su nuevo Plan de Salvación. A diferencia del Gran Diluvio, este plan sería definitivo. Todas las personas tienen acceso a los beneficios de este plan, solo tienen que creer (Juan 3:14-16).

La paga del pecado es la muerte. Y la única cura para erradicar la maldad del hombre, es su destrucción. Pero por amor a lo más preciado de su creación, el Hijo se ofreció a hacerse hombre, cargar con el sufrimiento de toda la humanidad en un cuerpo humanado muriendo como el más vil pecador.

Para librar a los hombres del castigo eterno y ofrecerles una vía de salvación, era necesario este sacrificio. Hacerse hombre, vivir como hombre, sentir como hombre, ser injustamente vilipendiado como hombre, para salvar, precisamente, a los hombres.

Isaías 53:1-5, un sufrimiento profetizado

Mientras que en el capítulo 7, Isaías anuncia la llegada de un salvador y detalla las condiciones bajo las cuales llegaría; en el capítulo 53, narra su sufrimiento. Pero no solo eso, también explica porqué es necesario este sufrimiento.

Los judios esperaban a un rey lleno de esplendor, que reviviría la gloria de los tiempos de David y Salomón. Contrario a la profecía. En Isaías 53:1-5, el profeta explica que “no había en él belleza ni majestad alguna”.

Isaías 53:1-5, explica que además era “despreciado y rechazado por los hombres” y “golpeado por Dios y humillado”. El verso 5 remata explicando que “sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz y gracias a sus heridas fuimos nosotros sanados”.

Para que hoy tengamos paz, alguien tuvo que pagar el precio. Para que hoy tengamos esperanza, el más grande tuvo que sufrir. Para que mañana tengamos la vida eterna, alguien tuvo que morir. Con Su sacrificio, Él dejó una fuente de paz, acudamos a ella y cerremos el camino al sufrimiento.

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