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Dios revela luz y cosas nuevas, Isaías 42:1-10

Isaías 42:1-10, la promesa de Dios para sus misioneros
Dios revela luz y cosas nuevas ¿De qué forma lo hace hoy en día? ¿Qué promesa guarda Isaías 42:1-10 para los misioneros de hoy?
  • Tema: Dios anuncia luz y cosas nuevas
  • Base bíblica: Isaías 42:1-10
  • Expositor: José Gomera
Escucha este devocional «Dios revela luz y cosas nuevas, Isaías 42:1-10 en audio

«1. He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido en quien mi alma tiene contentamiento. He puesto sobre Él mi Espíritu, Él traerá juicio a las naciones.

2. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las plazas.

3. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; sacará el juicio a la verdad.

4. No se cansará, ni desmayará, hasta que haya establecido juicio en la tierra; y las islas esperarán su ley.

5. Así dice Jehová Dios, el Creador de los cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus frutos; el que da respiración al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan.

6. Yo Jehová te he llamado en justicia, y sostendré tu mano; te guardaré y te pondré por pacto del pueblo, por luz de los gentiles;

7. para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.

8. Yo Jehová; éste es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.

9. Las cosas primeras he aquí vinieron, y yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo os las haré notorias.

10. Cantad a Jehová un nuevo cántico, su alabanza desde el fin de la tierra; los que descendéis al mar y cuanto hay en él, las islas y los moradores de ellas».

Isaías 42:1-10

Dios anuncia luz y cosas nuevas, Isaías 42:1-10

Dios anuncia luz y cosas nuevas, todos los días. Y lo hace a través de siervos fieles que sirven a Su Palabra y a los incircuncisos sin ninguna otra condición que la de la satisfacción del deber cumplido. Isaías 42 tiene una promesa poderosísima para todos los siervos de Dios que así actúen.

El sistema de recompensas del mundo de hoy

El mundo nos tiene acostumbrados a un sistema de recompensas. Trabajas ocho o diez horas al día porque sabes que tu sueldo llegará a tu cuenta bancaria. Pagas un club comunitario para visitarlo y disfrutar de sus atracciones sin ninguna restricción.

Cursas una carrera universitaria  porque esperas que esta te ayude a conseguir un mejor trabajo que eleve tu nivel de vida. Incluso, existen culturas en las que se tienen muchos hijos, pensando en un futuro en el que, entre todos los hijos aportan su granito de arena para garantizar una vejez de abundancia.

Vivimos en un mundo de causa y efecto. Un mundo en el que el mínimo intercambio, cualquier sacrificio, se hace esperando algo a cambio. Después de todo, ¿no establece la Tercera Ley de Newton que “toda acción trae consigo una reacción”? ¿Verdad?

Los pregoneros de Dios que anuncian cosas nuevas

Dios anuncia luz y cosas nuevas y lo hace todos los días. Lo hizo hace 3,000 años a través de Jonás; 1,000 años más tarde, utilizó a su propio Hijo para llevar ese mensaje de esperanzas, esa luz, a todo el mundo.

Dios siempre encuentra atalayas incondicionales dispuestos a ensanchar Su Reino en la tierra, y los prepara para enfrentar a quienes se oponen fervientemente a Su propósito. Pero no solo los prepara, sino que los envía con la promesa de Isaías  42:1 “he aquí mi siervo, yo lo sostendré”.

Isaías 42:1-10 la promesa divina para todos los misioneros de Dios

Isaías 42 comienza con una promesa poderosísima y digna de un Dios que cuida cada detalle. Un Dios al que no se le escapa una. Que está pendiente de todo. Y que conoce el corazón ambivalente y temeroso de sus siervos. Es un Dios que imprime confianza en lo más profundo del corazón.

El sabe que la espada mejor blandida y el mejor entrenamiento no garantizan que un soldado vuelva a casa victorioso. Por esa razón, Dios promete poner sobre este guerrero Su Espíritu, para que pelee la buena batalla de la fe, confiado en que Su Hacedor lo protegerá.

Los versos de Isaías 42 son parte de las profecías que anunciaban la llegada del Hijo de Dios y cómo el Padre estaría con Él y su ministerio, hasta que sea consumado su sacrificio en la cruz. Jesús, el mismísimo Dios hecho hombre, trajo un mensaje de luz, despejando la oscuridad que sembraba la estricta aplicación de una Ley ya tergiversada.

La promesa de Isaías 42:1-10 aplica para los misioneros de hoy

En Mateo 28 Dios nos encomendó una misión: “ir por todo el mundo y predicar el evangelio”. Esto mis hermanos es parte del paquete que asumimos al servir a Cristo. De este modo, nos convertimos en misioneros de Su Palabra. En las atalayas del Reino.

Ya sé que todo esto suena muy bonito, pero es posible que te estés preguntando ¿cómo se aplica Isaías 42:1-10 en mi vida evangelística? Comenzaré la respuesta a esta cuestión con dos preguntas: ¿No nos transfirió Jesús su ministerio, incluyendo el don de la sanidad? ¿No nos prometió el Maestro que nos enviaría al Consolador?  

Juan 14:12 dice, literalmente “Les aseguro que el que confía en mí hará lo mismo que yo hago. Y, como yo voy a donde está mi Padre, ustedes harán cosas todavía mayores de las que yo he hecho”.

Al mundo atribulado y sin esperanzas de hace 2,000 años, Dios anunció luz y cosas nuevas. El mundo de hoy, con todos sus avances en ciencia y en materia de libertad individual, ya está retrocediendo al oscurantismo de antaño.

Y justo cuando la humanidad se siente perdida, otra vez, Dios anuncia su luz; Jehová anuncia la esperanza de un mundo nuevo. Pero Cristo ya cumplió su ministerio; nos corresponde a nosotros ofrecernos como los misioneros de ese mensaje de amor.

Ya fuimos transformados por Cristo. Ahora nos toca sembrar la semilla que germinó en nosotros; confiados en que la promesa de Isaías 42 se cumplirá mientras hacemos nuestro trabajo misionero. Como estuvo con Jesús y sus discípulos, mientras anuncies su luz, Dios estará contigo.

¡Bendiciones de Lo Alto!

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