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Devocional: el dilema del pecado, Romanos 7:7-25

El dilema del pecado o como este nos aleja de Dios
El pecado corroe nuestra alma, amaina nuestro Espíritu y nos aleja del propósito de Dios. En este devocional analizamos el dilema del pecado, que Pablo expone en Romanos 7:7-25.
  • Tema: el dilema del pecado
  • Texto bíblico: Romanos 7:7-25
  • Expositor: José Gomera
Devocional el dilema del pecado, Romanos 7:7-25 en audio

Hola mis amados lectores de la Revista PALFCRIS, hoy vamos a analizar uno de los textos bíblicos más difíciles de entender, pero también uno de los más sustanciosos. Se trata de Romanos 7:7-25 que hace referencia al dilema del pecado.

En este devocional intentaré desentrañar lo que Dios nos quiere revelar a partir de Romanos 7:7-25. Como de costumbre, veamos los versículos bíblicos que nos servirán de punto de apoyo para explicar, desde un punto de vista filosófico, el dilema del pecado.

Romanos 7:7-25 El dilema del pecado

7 ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? De ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.

8 Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto.

9 Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.

10 Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte;

11 porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató.

12 De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.

13 ¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso.

14 Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.

15 Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.

16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.

17 De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.

18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.

19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.

20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.

21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.

22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;

23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

24 !!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

25 Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

Romanos 7:7-25

¿Qué es el pecado?

El escritor de Romanos plantea el dilema del pecado desde una perspectiva puramente legal. En su exposición, se lamenta de ser preso de los deseos carnales y de la lucha que esto genera en su interior. Una batalla constante entre la carne y el Espíritu.

Es así, como el dilema del pecado es presentado por el apóstol Pablo como una lucha interna que tiene cada ser humano entre lo que quiere hacer y lo que debe hacer. El bien contra el mal. La carne contra el Espíritu.

Ya sabemos que el pecado son todas aquellas acciones que nos separan de Dios. Las personas, incluyendo a los seguidores de Cristo, somos imperfectas. Pero como cristianos buscamos cada día alcanzar la perfección del Maestro, en cada uno de nuestros actos.

El dilema del pecado en el aspecto legal

Cabe preguntarnos ¿Por qué se da esta lucha interna del dilema del pecado? La explicación más rápida -y la más certera- la encontramos en Génesis 6:5-6. Allí, Dios dice que de toda la creación, de lo único que se arrepintió fue de haber creado al hombre. 

¿Por qué? “Porque su corazón va de continuo al mal”. Lo que nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Por qué Pablo utiliza la ley como recurso para explicar su dilema del pecado de Romanos 7:7-25 ? Para responder esta cuestión, veamos la siguiente alegoría.

Así como la empresa automotriz conoce el vehículo que sale de su línea de producción, Dios conoce su creación. La empresa automotriz no entrega el vehículo sin un manual de usuario. En este manual encontramos el tipo de aceite, el tamaño de los neumáticos, el modo de conducción y muchas otras recomendaciones para que el vehículo funcione de forma óptima.

Así mismo, El Señor, que conoce muy bien al hombre que puso en la tierra, entregó un manual de vida, primero en forma de ley, ahora en un compendio de 66 libros: la Biblia. En esta ley Dios plasma normas de salud, de ética y de moral que permiten a los hombres vivir en comunidad entre sí y en comunión con su Creador.

¿Cómo explicar el dilema del pecado de Romanos 7:7-25?

Llama la atención el versículo siete “¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? De ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: «No codiciarás”.

Existe un principio jurídico que dice “A nadie se le puede obligar a hacer lo que la ley no manda ni impedírselo lo que la ley no prohíbe”. Con esto, Pablo está validando la Ley, reconociendo que esta no es pecado en sí misma, pero señala lo que sí lo es.

¿Por qué pecamos?

Entonces ¿Por qué pecamos? Es decir ¿Por qué peca un hombre de Dios? Los analistas bíblicos no se han puesto de acuerdo sobre este asunto. Pero Pablo nos da una pista en el versículo 15 “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago”.

El dilema del pecado explicado por Pablo
El pecado nos confronta con nosotros mismos

Es decir, Pablo reconoce que, en ocasiones, no puede evitar que le lleguen pensamientos pecaminosos. Sin embargo, aclara que su coraza espiritual es suficientemente fuerte como para bloquear esos pensamientos y no ejecutar sus deseos carnales.

Esto lo remata en el versículo 19 “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago”. Aquí deja en claro que evitar el mal es imprescindible. Pero ¿Es más importante evitar el mal que hacer el bien? 

Puedo interpretar que ambos son igual de importantes. Pero evitar el mal está en nosotros. Es una lucha que debemos ganar cada uno de NOSOTROS. Con la ayuda del Espíritu Santo, por supuesto. 

En cuanto a hacer el bien, es muy importante que siempre tengamos la intención, pero lograrlo no depende enteramente de nosotros. Depende de un sin número de circunstancias entre las que se incluyen la voluntad de Dios.

La ley de Dios versus la ley del pecado

Pablo cierra el asunto sobre el dilema del pecado, en Romanos 7:7-25, de una forma magistral. Como lo haría un expositor de su categoría. El versículo 25 dice “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado”.

Pero ¿la mente puede controlar la carne? Por supuesto que sí. Debemos aprender a controlar nuestra mente. De lo contrario, nos veremos sumidos en las profundidades del pecado. La ley señala todo lo que es pecaminoso delante de Dios.

La ley es el recurso que nuestro Creador utilizó para invalidar al pecado. Para hacernos entender qué Él demanda de nosotros. Y darnos un manual para conocerlo mejor, agradarle de forma consciente y alejarnos de todo lo que le desagrada.

Así que los invito a meditar en este texto bíblico. Ya se que es muy profundo, pero no debe ser pasado por alto. Fortalecer nuestra coraza espiritual es la clave para que nuestra mente esté alerta frente al pecado, evitar que divague y nos lleve hacia las tenebrosas tinieblas del pecado.

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