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1 Corintios 6:18-20, el cuidado de nuestro cuerpo

1 Corintios 6:18-20
Cuidar de nuestro cuerpo no solo es cuestión de salud. También es un mandato de Dios. 1 Corintios 6:6-18-20 nos muestra como la fornicación pone en peligro nuestra salud física y espiritual.
  • Texto bíblico: 1 Corintios 6:18-20
  • Tema: El cuidado de nuestro cuerpo
  • Expositor: José Gomera
Escucha el Devocional 1 Corintios 6:18-20, el cuidado de nuestro cuerpo

Antes de iniciar el comentario de este devocional, les pido que por favor, dejen lo que están haciendo y se concentren en entender lo que DIOS tiene para decirles hoy. 

Si les es posible, tomen lápiz y papel, pues utilizaré unas cuantas citas bíblicas para hacer un recorrido por las Escrituras. De modo que podamos entender lo que el Señor nos quiere mostrar en nuestro manual de vida.

1 Corintios 6:18-20

A continuación, la cita bíblica del devocional de hoy, “el cuidado de nuestro cuerpo”:

“18 Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.

19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

1 Corintios 6:18-20

El cuidado de nuestro cuerpo en la Biblia

La Biblia tiene cientos de versículos que nos dan ordenanzas sobre el cuidado de nuestra salud física, mental y espiritual. ¡Dios nos manda a mantenernos sanos! Es así como en el Antiguo Testamento Dios da directrices su pueblo sobre estrictas reglas de higiene:

  • Asearse el cuerpo y lavar la ropa (Levítico 15:4-27).
  • Defecar en privado y con reglas de higiene (Deuteronomio 23:12-13).
  • Cuarentena obligatoria por sospecha de enfermedad contagiosa (Deuteronomio 23:12-13), y por tocar el cadáver de un animal (Números 19:16, Levítico 5:2-3).

Eran tiempos en los que la ciencia no estaba tan avanzada como para la gente tener conocimiento de las diferentes bacterias, virus, hongos y demás microorganismos que habitan en el excremento, en los animales muertos y en las manos y el cuerpo sin asear. Pero Dios, el dueño de la ciencia, sí que lo sabía.

Así como a nuestros padres y abuelos les cuesta asimilar que hemos crecido, asumimos que nuestro Padre Celestial tiene cuidado de lo mejor de su creación, como a niños amados. Razón por la cual hizo hincapié en el cuidado de nuestro cuerpo, dentro de las normas y estatutos dictadas al proyecto de nación en el desierto.

Aunque 1 Corintios 6:18-20 resalta el delicado tema de la fornicación, entiendo válida esta introducción, puesto que el tema de este devocional se llama “el cuidado de nuestro cuerpo.

1 Corintios 6:18-20, La fornicación, la madre de un ramillete de pecados

El texto bíblico de hoy comienza con una frase cortante, tajante y sin cortapisas: “huid de la fornicación”. Pero si todavía este mandato no queda claro, en el mismo versículo 18, el autor explica porque es necesario huir de la fornicación: 

“…Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca”. ¿Así o más claro?

En un nutrido debate con el hermano Jonathan Del Rosario, de la congregación de Mahanaim Santo Domingo Norte, concluimos que si bien la fornicación no es exclusiva de la codicia, el pecado de codiciar a la mujer de tu projimo -O viceversa-, puede llevarte a fornicar.

Pero no solo eso, quien fornica, generalmente tiene que incurrir en el pecado de la mentira para intentar ocultar su desvarío. Pero también la fornicación puede ser resultado del adulterio.

¿Qué es la fornicación y por qué el Señor la prohíbe?

Ahora bien, ¿qué es la fornicación? 

La fornicación es la palabra utilizada en la Biblia para referirse a las relaciones sexuales ilicitas de una persona que no esta casada.

Pero, ¿por qué las relaciones entre personas no casadas son ilícitas? Pablo lo explica muy bien en 1 Corintios 6:9 “«Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá a Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo».

Este texto conecta con 1 Corintios 6:19 “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”. 

Recordemos que este cuerpo no es nuestro. Es de Dios. Lo tenemos prestado por un muy breve tiempo. ¿O alguien olvida que estamos de paso en esta tierra y, que nuestra vida postrera será muchísimo más larga que los pocos años que pasaremos en esta caja de huesos?

1 Corintios 6:18-20, la fornicación como unión ilegal

Si alguno todavía no ha entendido porque Pablo es tan tajante en 1 Corintios 6:18-20, seré cortante con la siguiente frase: “la fornicación es pecado porque Dios lo prohíbe”.

Jehová instituyó el matrimonio como el acto de unión entre un hombre y una mujer. El mismísimo Maestro lo explica en Marcos 10:6-12 “Pero desde el principio de la creación, LOS HIZO VARÓN Y HEMBRA. POR ESTA RAZÓN EL HOMBRE DEJARÁ A SU PADRE Y A SU MADRE, Y LOS DOS SERÁN UNA SOLA CARNE; por consiguiente, ya no son dos, sino una sola carne.

Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe. Y {ya} en la casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre esto. Y Él les dijo*: Cualquiera que se divorcie de su mujer y se case con otra, comete adulterio contra ella; y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio”.

Así que podemos afirmar que la fornicación es pecado porque une a dos personas en un contexto mundano. Fuera de la ley de Dios y, en la mayoría de los casos, sin ningún orden, sin planes futuros y por puro placer.

Cuando la fornicación entra por la puerta, el Espíritu Santo se va por la ventana

En 1 Corintios 6:20 Pablo nos llama a glorificar a Dios en nuestros cuerpos y en nuestro Espíritu. ¿Por qué? Porque son de Dios. Y si al dueño de nuestro cuerpo no le gusta que forniquemos, esa es una razón de sobra para no hacerlo.

Si no obedecemos las ordenanzas del Creador no seremos merecedores de la Corona de La Vida en el Día del Señor.

Recordemos que nuestra vida terrenal es una prueba. Es la oportunidad que Dios nos da para redimirnos y de lo que hagamos aquí, en esta tierra, mientras estemos vivos, dependerá nuestra recompensa.

Si alguno fornica, que espere una vida eterna, pero de sufrimiento. Los que evitemos la fornicación, recibiremos la llave de la casa que tiene nuestro nombre, en la ciudad amada, la ciudad santa del Señor

“Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia…”

Efesios 5:29

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