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La consecuencia del pecado, Génesis 3:14-19

El dilema del pecado o como este nos aleja de Dios
El pecado entro por un hombre y por también por el sacrificio de un hombre podemos redimirlo. En este devocional analizamos la consecuencia del pecado de Génesis 3:14-19.
  • Tema: la consecuencia del pecado
  • Base bíblica: Génesis 3:14-19
  • Expositor: José Gomera
Escucha el devocional «La consecuencia del Pecado» con voz humana

El pecado permea al mundo de hoy. En la actualidad, existe una creciente y peligrosa tendencia mediática de entender lo que Dios quiere, para luego hacer exactamente lo contrario. De hecho, mucha gente osa enfrentar al Creador. 

Quienes así actúan no se imaginan lo que les espera, si no se arrepienten de sus actos. La consecuencia del pecado es algo de lo que ninguno puede escapar. Precisamente ese es el tema del devocional de hoy.

La consecuencia del pecado, Génesis 3:14-19

Abre tu Biblia, lee y analiza la consecuencia del pecado original de Génesis 3:14-19:

14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.

15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.

17 Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.

19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.

Génesis 3:14-19

No hacer la voluntad del Creador tiene consecuencias

Para entender el tema de la consecuencia del pecado, veamos la siguiente alegoría: Imaginemos que un hombre llamado Juan compra un carro nuevo que trae un manual del fabricante. En el manual se detallan todos los mantenimientos del vehículo, para que se mantenga en perfectas condiciones.

El tipo de aceite, de coolant, el tamaño de las llantas y el nivel de presión de aire que deben tener; así como, el tiempo o recorrido aproximado en el que deben ser sustituidas algunas piezas críticas para evitar que estas colapsen, son algunas de las instrucciones que da el fabricante.

Nuestro amigo Juan pagó un precio muy alto por ese vehículo. Es altamente probable que sea la compra más costosa que haya hecho en su vida. Pero Juan tiene la opción de esperar mucho más tiempo para dar mantenimiento a su carro. Corriendo el riesgo las piezas comiencen a fallar.

¿Querrá nuestra personaje echar a perder su preciado carro por no cumplir con las reglas de fabricación? Ponte en su lugar ¿Esperamos que el carro recorra el doble del kilometraje requerido para cambiar el aceite de motor, por ejemplo? Honestamente, no lo creo.

Dios nos dio la libertad de elegir entre lo bueno y lo malo

Cuando Dios puso al ser humano en la tierra, le dio la facultad de razonar. De entender el beneficio de hacer lo bueno y las inevitables consecuencias de hacer lo malo. Dios quiso hacerlo diferente al resto de la creación terrenal, es por eso que le dio el libre albedrío.

El pecado no es más que hacer aquello que va en contra de la voluntad de Dios. El pecado aparece cuando desaparece la obediencia. Justo ahí, aparece la culpa y, más adelante, la inevitable consecuencia del pecado.

Las consecuencias del pecado original

Si analizamos el pasaje de Génesis 3:14-19, Dios establece un castigo para cada una de las partes involucradas en el pecado original. Lo que vemos aquí es la sentencia dictada en el primer juicio divino, que tuvo lugar en la tierra.

Si observamos este pasaje bíblico, nos daremos cuenta de que tanto la serpiente, como Eva y Adan, recibieron varios castigos por sus pecados. Cada uno de esos castigos tiene una simbología específica, las cuales, dada la extensión de este comentario, no es menester analizarlas en este momento.

Es importante destacar lo que dice Génesis 6:6 con respecto a que el corazón del hombre va de continuo al mal. Dios entregó al hombre toda la tierra para que la gobernase, pero le dejó reglas. Y, también dejó claras las consecuencias de desobedecer esas reglas.

La más importante de ellas, a mi entender, se encuentra en Génesis 2:17. Cuando establece que el día que coma del árbol del bien y del mal, morirá. 

La consecuencia del pecado: las maldiciones

Pero entre todos los castigos, fruto de la consecuencia del pecado original, Dios declaró dos maldiciones:

  • A la serpiente declaró maldita entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. (Génesis 3:14). Esta maldición solo afecta a la serpiente, que no solo contiende con la mujer, sino que también, tiene enemistad con el resto del reino animal.
  • Dios declaró maldición sobre la tierra por causa de Adan. Esta es una consecuencia del pecado original que afecta a los tres acusados, pues los tres conviven en la tierra. El pastor Pedro Montoya sostiene que esta maldición fue dictada porque la sentencia debía ser la destrucción del hombre. Para evitarlo, Dios desvió el castigo hacia la tierra.

La consecuencia del pecado sobre nuestras vidas

La consecuencia más funesta del pecado es la muerte. Pero esta sentencia no se ejecuta de inmediato. Existen otras consecuencias que se van cumpliendo a lo largo de nuestro breve paso por la tierra.

Recordemos que Adan tenía una relación directa con Dios. Jehová Dios hablaba con él de tú a tú. Esa relación se rompió con la desobediencia. A partir de entonces, el hombre caminaría solo; sin la guíanza del creador; en una tierra inhóspita y hostil; con el alma adolorida; y con un temor zozobrante.

Hasta que llegó Cristo y nos llenó de esperanzas. Cristo venció a la madre de todos los temores del hombre: la muerte. La consecuencia del pecado original ya no nos llenaría de estupor. 

Así como añoñarías un carro nuevo, valora la salvación que el Señor te regaló. Dale un mantenimiento diario a tu relación con Dios, siguiendo el manual de instrucciones que Él mismo te dejó: la Biblia.

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